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Unificación de Italia y Alemania, causas y consecuencias

Uno de los eventos más trascendentales de la historia europea lo constituye el proceso de unificación de Italia y Alemania, el cual cambió la estructura geográfica y política de estos dos países y, por ende, de Europa. Entérate en este post en qué consistió este proceso, sus antecedentes, cuándo se llevó a cabo y qué consecuencias generó.

Unificación de Italia y Alemania

¿Cuándo fue la unificación de Italia y Alemania?

La unificación de Italia y Alemania fue un proceso que se llevó a cabo en momentos distintos para estos dos países, aun cuando guardan relación en virtud de los acontecimientos que lo precedieron y de su significado para la conformación del territorio europeo, ya que influyó en la geopolítica que se manejaba en ese entonces.

Así entre 1848 y 1871, italianos y alemanes lograron poner fin a la división territorial heredada de tiempos medievales y cambiar la realidad de sus pobladores. Conoce también la historia de Edad contemporánea y sus implicaciones.

Italia fue declarada Estado-nación en 1861 por el político y estadista italiano Camillo Paolo Filippo Giulio Benso, conde de Cavour, creando un Estado-nación, que representaba a la nación ante el resto del mundo, y que estaba unido por el nacionalismo, la lengua y la cultura.

En cuanto a la unificación de Alemania, ésta se convirtió oficialmente en un estado nacional integrado política y administrativamente el 18 de enero de 1871.

En ese momento, Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen, príncipe de Bismarck y duque de Lauenburgo, como artífice de la unidad alemana, puso todo el territorio bajo control prusiano y coronó a Guillermo I como emperador de Alemania.

Unificación de Italia y Alemania

Cavour

Veamos seguidamente de manera sucinta los episodios culminantes de cada uno de estos procesos, sus características, personajes resaltantes, de manera tal de poder obtener y apreciar en su justa medida las consecuencias que esto significó para el entorno europeo.

Ambos procesos de unificación de Italia y Alemania nos revelan aspectos interesantes y estratégicos que se manejan en este tipo de eventos. Te recomendamos también conocer sobre la Batalla de Berlín que también afectaría la conformación del territorio alemán.

Antecedentes

Los antecedentes que condujeron a la unificación de Italia y Alemania involucran varios acontecimientos que afectaron de manera contundente a estas dos naciones, tanto en el ámbito militar y político, como en lo social influenciando la vida de sus habitantes.

Como uno de los antecedentes más destacados encontramos las invasiones de Napoleón que desataron involuntariamente las fuerzas del nacionalismo en los territorios invadidos. A principios del siglo XIX, estos pueblos vivían en áreas diferentes con una variedad de gobernantes e idiomas distintos.

Los líderes europeos en favor de la unificación utilizaron ese nacionalismo para estimular a los pobladores buscando crear y consolidar naciones fuertes y unificadas.

Un evento puntual para la unificación fue la guerra de Crimea entre Rusia y el Imperio otomano, la cual, a pesar de ser una guerra muy circunscrita a estos dos países, contribuyó a abrir el proceso unificador italiano y alemán.

Unificación de Italia y Alemania

Napoleón invade Italia

Asimismo, otro de los antecedentes que se debe mencionar de manera indiscutible son las guerras napoleónicas, que asolaron la región a principios del siglo XIX, entre los años 1803 y 1815, y que finalizaron con el Congreso de Viena, cuyas disposiciones en cuanto a división territorial no solventaron el fraccionamiento de estas naciones.

Situación de Italia

La fragmentación territorial en Italia se sustentaba en diversos poderes, aferrados a sus dominios, entre los que destacaban las grandes fuerzas conservadoras de la época, como lo fueron el Papado en el centro y la aristocracia terrateniente en el sur.

En lo que a la situación hacia el exterior se refiere, los intentos nacionalistas tuvieron que afrontar la oposición austriaca, que dominaba importantes territorios en el noreste de la península.

Es de acotar que los defensores de la unidad italiana conocían sobradamente los tres obstáculos que existían y que debían superar para alcanzar su gran objetivo de unión; a saber: en primer lugar, la división existente entre las distintas corrientes nacionalistas, pues unos eran monárquicos y otros republicanos.

En segundo término estaría la presencia de Austria, sin duda, una de las principales potencias militares de la época en el norte de Italia, situación que, como el resto de la fragmentación territorial, estaba respaldada por los acuerdos del Congreso de Viena.

Unificación de Italia y Alemania

A esto se le debe añadir, como tercer obstáculo, las dificultades propias de la cuestión romana, un territorio poblado por cientos de miles de italianos, que, sin embargo, era la sede papal.

La profunda religiosidad de los habitantes de Italia, su arraigado catolicismo, requería mucho tacto de parte de los nacionalistas a la hora de despojar a la Iglesia de sus territorios.

A principios del siglo XIX la península estaba conformada por los estados de:

  • Lombardía hacia el norte de la península bajo el dominio austriaco.
  • Los estados pontificios, ubicados en la región central controlados por el papa Pío IX y la Iglesia católica
  • El Reino de Piamonte, también al norte, era parte de las posesiones de la Casa de Saboya, familia noble italiana. Incluía los territorios de la isla de Cerdeña, Saboya, Piamonte y Niza.
  • El Reino de las Dos Sicilias, en la región sur, que pertenecía a la Casa de Borbón española.

Este proceso de unificación italiana fue también denominado risorgimento, o “resurgimiento” e incluso “reunificación italiana”.

Las guerras napoleónicas dieron lugar a la reorganización de los estados italianos. Así, bajo el mando de los franceses, Italia conoció nuevas ideas que finalmente condujeron a la unificación de Italia bajo un gobierno republicano.

Unificación de Italia y Alemania

Seguidamente, la Batalla de Waterloo de 1815, en la que las fuerzas prusianas derrotaron a Napoleón, poniendo fin al dominio de Napoleón sobre Italia. Esto supuso el cambio de la monarquía en los estados italianos.

Asimismo, las disposiciones del Congreso de Viena, celebrado en 1815, habían logrado traer la paz entre Inglaterra, Austria, Francia y Prusia, lo que supuso la reforma de las antiguas fronteras en Europa.

Dichas disposiciones, no obstante, separaron muchos territorios de Italia, lo que provocó la protesta de los italianos que querían un estado italiano unificado.

Más adelante, se sucedieron las revoluciones italianas de 1848 estimuladas por el activista italiano Giuseppe Mazzini y su movimiento de la “Joven Italia”, que constituyeron un episodio que  buscaba acelerar el proceso unificador.

Tras varios intentos entre 1830 y 1848, que fueron aplastados por el gobierno austriaco, la política del conde de Cavour, logró interesar a Napoleón III en la unificación territorial que consistía en expulsar a los austriacos del norte.

Aunque la mayoría de las revoluciones fracasaron, aumentaron el deseo de unificación de los italianos.

Unificación de Italia y Alemania

Mazzini

Cavour, como diplomático del reino de Cerdeña-Piamonte, lideró a muchos estados italianos contra el dominio austriaco, lo que hizo que Austria reconociera la independencia de muchos estados del norte de Italia.

La Lombardía fue cedida por Napoleón al Piamonte con lo cual se cumplía la primera fase de la unificación.

Los estados del norte de Italia pasaron a ser gobernados por Víctor Manuel II.

En la segunda fase se logró la unión del sur cuando Giuseppe Garibaldi, militar y político italiano, en desacuerdo con el tratado entre Cavour y Napoleón, se trasladó hasta Sicilia acompañado de los “camisas rojas”, el movimiento popular y republicano que se había gestado entre los voluntarios que siguieron a Garibaldi al sur de Italia, donde lideró varias revueltas en pro de la unificación.

Con ellos conquistó finalmente Sicilia y se negó a entregársela a los piamonteses. Desde allí también conquistó Calabria y Nápoles.

Estas revueltas tuvieron éxito y los estados del sur se unieron a los estados del norte de Cerdeña-Piamonte bajo el mando de Víctor Manuel II.

En 1861, Víctor Manuel II declara a Italia como Estado unificado, formando una nueva constitución.

Situación de Alemania

El nacionalismo en Alemania existía mucho antes de la unificación de los estados alemanes, en el que se exaltaba la lealtad y la devoción a la propia nación, a menudo causada por la cultura y la historia compartidas.

No obstante, las revueltas provocadas por el nacionalismo no tuvieron éxito hasta más adelante en el siglo XIX. En ese entonces, el territorio alemán estaba formado por más de 38 pequeños estados.

Su unificación se planteó a partir del enfrentamiento entre los dos estados más poderosos de la región: Austria y Prusia.

Se presentaron las revoluciones del año 1848, que inspiraron a los nacionalistas alemanes e hicieron surgir ideas nacionalistas en los estados alemanes, en particular en Prusia. A partir de estas revoluciones, muchos alemanes buscaron la expansión en Europa.

Los estados alemanes empezaron a acercarse a Prusia, mientras ésta se expandía más hacia el este.

En 1862, Otto von Bismarck fue nombrado ministro de Prusia, quien creía que había que ganar poder de cualquier manera posible para poder alcanzar la ansiada unión.

 

Bismarck demostrando sus dotes de gran estratega, planteó varios aspectos a cumplir para lograr los objetivos de unificación:

  • Hacer guerras cortas para no desgastar al país.
  • Conocer las debilidades, pero también las fortalezas del enemigo
  • Aplicar tácticas de guerra puntuales apuntando a las debilidades del rival.
  • Fomentar la educación del pueblo para fortalecerlo.
  • Impulsar la industrialización para mejorar el aspecto económico.
  • Cortar de raíz con cualquier revolución.

Esto significaba que estaba dispuesto a ir a la guerra para ganar poder y expandir Alemania.

Entre los años 1864 y 1866 se desató la Guerra de Dinamarca, que involucró a los Países Bajos y a Prusia en una lucha por unas tierras cercanas a Suecia llamadas Schleswig y Holstein.

Alemania formó una alianza con Austria para conquistar estos dos estados. Austria se hizo con el control de Holstein, que estaba en territorio alemán, y eso desencadenó la guerra entre Alemania y Austria.

Esta guerra se llamó la Guerra de las Siete Semanas o la Guerra Austro-Prusiana. Los estados alemanes se dividieron entre Austria y Prusia, pero Bismarck consiguió reunificar la mayoría de los estados.

Después de que Bismarck provocara la guerra con Francia a través del telegrama de Ems, editado por él mismo, comenzó la Guerra Franco-Prusiana entre 1870 y 1871. Este telegrama fue un documento que Guillermo I enviara a Bismarck el 13 de julio de 1870 luego de finalizar la reunión informal con el embajador francés en Prusia, Vincent Benedetti, referente al retiro de la candidatura del príncipe Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen al trono real español.

La publicación de este telegrama propició (casus belli) la Guerra franco-prusiana, que comenzó el 19 de julio de 1870, la cual sirvió para que los estados alemanes se unieran contra los franceses, resultando en una victoria para Alemania, impulsando así el nacionalismo alemán y la confianza en Prusia y Bismarck.

El antiguo emperador de Prusia, Guillermo I, se convirtió en el primer emperador del Imperio Alemán en 1871.

Bajo el mandato de Guillermo, Alemania siguió una Constitución federalista y Bismarck fue designado canciller del gobierno. Los estados del sur de Alemania quedaron bajo control prusiano tras la guerra franco-prusiana, lo que marca la unificación de Alemania.

El Imperio alemán, formado por lo que antes eran estados alemanes individuales, fue declarado en Versalles.

Inicio de la unificación de Italia y Alemania

En este punto es importante señalar que ambos procesos de unificación requirieron el trabajo y el orden de un líder de confianza. Aunque la unificación de Italia requirió un cambio de liderazgo, el proceso condujo al mismo objetivo.

Donde Alemania tuvo a Bismarck, Italia tuvo a Cavour. Bismarck era conocido como el “Canciller de Hierro” y sus ideas de unificación eran de pura supervivencia. Necesitaba una fuerza brutal para conseguir la unidad de Alemania.

El proceso unificador en Italia se inició en el reino de Piamonte y Cerdeña, el cual a mediados del siglo XIX estaba gobernado por Víctor Manuel II y su ministro liberal el conde de Cavour.

Cavour llevó a cabo la modernización del reino, haciéndolo el más poderoso económicamente y aplicó una hábil estrategia en la que buscó el debido apoyo para ir contra Austria y el Papado.

Seguidamente se unieron las iniciativas desarrolladas en el sur, aupadas por su compatriota Garibaldi, el organizador de los mil camisas rojas. Allí se había logrado la recuperación de Sicilia y el reino de Nápoles.

Después de que Víctor Manuel II declarara a Italia como un estado unificado, Italia capturó Venecia de Austria y conquistó los Estados Pontificios, cuya incorporación entre 1866 y 1870 es lo que ha dado a Italia la forma que tiene hoy.

Una vez superadas todas las resistencias en 1871 nació el reino de Italia con Roma como capital.

En cuanto a la unificación alemana, ésta se pudo llevar a cabo a través de la derrota de Austria y de una serie de guerras exteriores, que estimularon y exaltaron el sentido patriótico del pueblo alemán.

Las figuras claves de esta estrategia fueron el rey Guillermo I y su canciller el Primer Ministro Otto von Bismarck.

El triunfo militar obtenido en 1870 sobre Francia permitió a los prusianos la creación de un nuevo Estado Nacional: el Imperio alemán o segundo Reich, régimen de carácter autoritario, apoyado políticamente tanto por los conservadores como por los liberales.

Consecuencias

Los efectos finales de la unificación de Italia y Alemania se evidenciaron en diversas áreas que afectaron no solo las nuevas dimensiones de estos países, sino también del continente.

La aparición de dos recién nacidas naciones marcó un cambio en el equilibrio de poder en Europa, especialmente a favor de Alemania, que se convirtió claramente en la más poderosa económica, militar y políticamente.

De hecho, las unificaciones de Alemania e Italia cambiaron el equilibrio de poder en Europa en cuanto al fondo y la naturaleza. Entre las consecuencias más evidentes podemos señalar:

  • Se constituyó el ejemplo más claro y contundente de nacionalismo.
  • Se alteró permanentemente la dinámica de la Europa continental.
  • Ya Francia no era la potencia dominante en la política europea.
  • La unificación por separado condujo a la unidad cultural de ambos países, ya que regiones de estas naciones que antes no tenían casi nada en común, se encontraron en las mismas fronteras políticas.
  • Los pueblos se asociaron en torno a una misma cultura, religión y lengua.
  • Los nuevos estados unidos tenían ahora la capacidad de crear ejércitos e influir en la política.
  • El impacto tanto de la unificación de Alemania como de la de Italia creó una mentalidad fuerte para la independencia, el crecimiento económico y un fuerte nacionalismo.

Bandera alemana de la confederación

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