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Batalla de Cannas, gran enfrentamiento táctico militar

La cruenta Batalla de Cannas marcó un hito en la historia romana y en el mundo militar en general por las tácticas militares implementadas. Conoce cómo se desarrolló este sangriento enfrentamiento, la composición de sus ejércitos, sus comandantes y motivos que desencadenaron esta lucha. Te enterarás también de sus consecuencias.

Batalla de Cannas

¿Dónde fue la Batalla de Cannas?

La Batalla de Cannas fue un enfrentamiento clave de la Segunda Guerra Púnica entre las potencias mediterráneas República romana y Cartago, el cual tuvo lugar el 2 de agosto de 216 a. C. cerca de la antigua aldea de Cannas, en Apulia, al sureste de Italia.

Los cartagineses y sus aliados, liderados por el aguerrido general cartaginés Aníbal, rodearon y prácticamente aniquilaron a un ejército romano e italiano más numeroso al mando de los cónsules Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón.

La Batalla de Cannas  se considera una de las mayores hazañas tácticas de la historia militar y una de las peores derrotas de la historia romana. Conoce también detalles de la Batalla del Jaxartes, en la que Alejandro Magno mostró su poderío.

Batalla de Cannas

Tras recuperarse de sus pérdidas en Trebia (218 a. C.) y en el lago Trasimeno (217 a. C.), los romanos decidieron enfrentarse a Aníbal en Cannas, con aproximadamente 86.000 soldados romanos y aliados.

Agruparon su infantería pesada en una formación más profunda de lo habitual, mientras que Aníbal utilizó la táctica del doble envolvimiento y rodeó a su enemigo, atrapando a la mayor parte del ejército romano, que fue masacrado.

La pérdida de vidas en el bando romano significó uno de los días de lucha más letales de su historia.

Batalla de Cannas

Apenas unos 15.000 romanos, la mayoría de los cuales pertenecían a las guarniciones de los campamentos y no habían estado en combate, escaparon a la muerte.

Cuando la noticia de esta derrota llegó a Roma, el pánico se apoderó de la ciudad. Te recomendamos la lectura de la Batalla de Alesia, otro cruento enfrentamiento de los romanos.

Las autoridades recurrieron a medidas extraordinarias, que incluyeron la consulta de los Libros Sibilinos, el envío de una delegación encabezada por el historiador Quinto Fabio Píctor para consultar el oráculo de Delfos en Grecia y el enterramiento de cuatro personas vivas como sacrificio a sus dioses.

Para reunir dos nuevas legiones, las autoridades rebajaron la edad de reclutamiento y reclutaron a criminales, deudores e incluso esclavos.

A pesar de la gran pérdida de soldados y armamentos, y de una segunda derrota masiva ese mismo año en Selva Litana, los romanos no se rindieron ante Aníbal y rechazaron la oferta de rescatar a los sobrevivientes. Con mucha decisión y coraje, los romanos se enfrentaron durante 14 años más hasta que alcanzar la victoria en la Batalla de Zama.

Aunque durante la mayor parte de las décadas siguientes la batalla fue vista únicamente como un gran desastre romano, en la época moderna Cannas adquirió un carácter mítico, y a menudo se utiliza como ejemplo de la derrota perfecta de un ejército enemigo.

Esta batalla suele considerarse un episodio especialmente sangriento, que, posiblemente, tuvo como resultado la mayor pérdida de vidas humanas en un solo día de cualquier batalla registrada en la historia.

En términos de números, la jornada nefasta probablemente supuso la muerte de más de 40.000 romanos, aun cuando para el historiador Livio se eleva a 55.000 y según Polibio, también célebre historiador, llega a 70.000, lo que equivale a cerca del 80% del ejército romano desplegado en la batalla.

Ejércitos

Las cifras de las tropas implicadas en las batallas antiguas suelen ser poco fiables, y Cannas no es una excepción.

Cartago

El ejército cartaginés era una combinación de guerreros de numerosas regiones, y podría haber contado con entre 40.000 y 50.000 efectivos.

Batalla de Cannas

Su infantería estaba compuesta por unos 8.000 libios, 5.500 gaetulianos, 16.000 galos, principalmente boios e insubres (8.000 se quedaron en el campamento el día de la batalla) y 8.000 de varias tribus de Hispania, incluyendo iberos, celtíberos y lusitanos.

La caballería de Aníbal también procedía de diversos orígenes. Comandaba 4.000 númidas, 2.000 peninsulares ibéricos, 4.000 galos y 450 de caballería libio-fenicia.

Por último, Aníbal contaba con un contingente auxiliar de escaramuzadores formado por 1.000-2.000 honderos baleáricos y 6.000 jabalineros de nacionalidad mixta, entre los que posiblemente había lusitanos.

El factor de unión del ejército cartaginés era el vínculo personal que cada grupo tenía con Aníbal.

Roma

Según Polibio, Roma abandonó su tradición de conceder a dos cónsules dos legiones cada uno en el caso especial de la segunda guerra cartaginesa.

Roma reunió ocho legiones para enfrentarse a Aníbal; los cónsules Paulo y Varrón fueron asistidos en el mando de esta enorme fuerza de combate por los cónsules del año anterior, Marco Atilio y Gneo Servilio. Como es previsible en épocas de grandes crisis, las legiones romanas aportadas fueron de 80.000 hombres, unidades de caballería romana, de caballería aliada e infantería ligera.

Batalla de Cannas

El ejército romano superaba en número a sus enemigos cartagineses y estaba sin duda mejor equipado, sin embargo, de estos legionarios aproximadamente la mitad carecían de experiencia en combate.

Comandantes

Los comandantes enfrentados en Cannas se destacaron por habilidades estratégicas que implementaron en estas luchas. Estos comandantes fueron:

Aníbal

El  general y gran estadista cartaginés, Aníbal, es considerado uno de los grandes líderes militares de la antigüedad, que comandó las fuerzas cartaginesas contra Roma en la Segunda Guerra Púnica, desarrollada entre 218 y 201 a. C. y que continuó oponiéndose a Roma y sus satélites hasta su muerte.

Era hijo del gran general cartaginés Amílcar Barca, quien, según los  historiadores, lo llevó a Hispania y a una edad temprana le hizo jurar hostilidad eterna a Roma.

Los primeros mandos de Aníbal le fueron dados en la provincia cartaginesa de España por Asdrúbal, yerno y sucesor de Amílcar.

Se reveló como un oficial de éxito y, cuando asesinaron a Asdrúbal en el año 221, el ejército lo proclamó, a los 26 años, su comandante en jefe, y el gobierno cartaginés ratificó rápidamente su nombramiento en el terreno.

Batalla de Cannas

Lucio Emilio Paulo

Era miembro de los patricios y fue cónsul romano en dos ocasiones, en el 219 y en el 216 a.C.

Paulo ejerció su primer consulado con el político y militar romano Marco Livio Salinator. Durante ese año, derrotó al estadista ilirio Demetrio de Faros en la Segunda Guerra Ilírica y le obligó a huir a la corte de Filipo V de Macedonia.

A su regreso a Roma, se le concedió un triunfo.

Durante la Batalla de Cannas, Paulo fue nombrado cónsul por segunda vez y sirvió con Cayo Terencio Varrón.

Éste dirigió las tropas en contra del consejo de Paulo y la batalla se convirtió en una aplastante derrota para los romanos. Paulo murió en la batalla, mientras que Varrón logró escapar.

Cayo Terencio Varrón

De origen plebeyo, hijo de un carnicero, llegó a ser general romano y político populista, defensor de la facción popular. Fue elegido cónsul para el año 216. Fue muy activo durante la Segunda Guerra Púnica.

Mientras ocupaba ese cargo de cónsul, fue derrotado decisivamente por Aníbal en la batalla de Cannas.

Batalla de Cannas

Estrategias

Es una de las batallas más importantes de la historia, considerada por los historiadores como un ejemplo clásico de la estrategia de doble envolvimiento victorioso de parte de los cartagineses.

Roma

Los romanos confiaban en el impacto de su infantería pesada, por lo que dispusieron sus tropas a la manera clásica con una línea de velites en vanguardia, precediendo a la infantería. Ésta se estableció en tres líneas.

A su derecha estaba la caballería y a la izquierda, los caballeros itálicos.

Con esta formación los cónsules esperaban poder arrasar frontalmente la infantería púnica, evitar a su vez el ataque de la caballería enemiga en los flancos y enfrentar con gran fuerza en el centro de la formación púnica.

Cartago

En esta Batalla de Cannas, Aníbal organizó a sus mercenarios iberos y galos en formación de media luna convexa hacia el enemigo, mientras que a ambos lados se situaban contingentes de infantería pesada africana. Luego, el cartaginés dejó que los romanos penetraran en el centro, lo cual facilitó el movimiento envolvente que permitió que unos cincuenta mil hombres cercaron a más de ochenta mil.

El flanco izquierdo era defendido por la caballería íbera y gala al mando de Asdrúbal y la caballería númida se ubicaba al lado derecho con libertad de movimiento.

Aníbal tenía garantizado el viento a favor y el sol de espalda.

La disposición convexa cartaginesa se convertiría luego en cóncava, mientras el flanco derecho formado por la caballería se enfrentaba a los jinetes itálicos.

Poco a poco la formación púnica formaría una pronunciada “U”, envolviéndolo con pocas posibilidades de maniobra a los romanos, y, por otro lado, algunos soldados se desplazaron por la retaguardia para atacar desde atrás al enemigo. Ello hizo que la batalla fuera una matanza en la que murieron gran parte de los legionarios romanos.

¿Cuáles fueron los motivos de la Batalla de Cannas?

Las razones que llevaron a las fuerzas romanas a enfrentarse en Cannas se sustentan en el deseo de Roma de resarcirse de las derrotas sufridas en el Trebia y en el lago de Trasimeno y frenar a los cartagineses que se habían estado expandiendo por distintas regiones de la península itálica.

Por su parte, Aníbal, fiel al juramento hecho a su padre de aniquilar a Roma por las continuas afrentas que habría sufrido el pueblo de Cartago, prosiguió en su avanzada para derrotar en todos los campos al ejército romano, conquistar las más importantes plazas itálicas, lograr que los aliados de Roma le abandonaran, conseguir que devolvieran a Cartago Cerdeña y Sicilia y detener el expansionismo de Roma en el Mediterráneo.

Desarrollo de la batalla

Aníbal fue el primero en llegar al lugar de la batalla, con una fuerza de unos 40.000 soldados de infantería y 10.000 de caballería.

Su ejército tomó el mando del río Aufidus (actual Ofanto), la principal fuente de agua de la zona.

Esto aumentó la presión sobre los romanos, que se esforzarían por satisfacer la sed de su mayor número de soldados en el calor de principios de agosto.

Aníbal colocó sus líneas orientadas al norte, lo que obligó a los romanos a mirar sobre todo hacia el sur, donde el viento caliente del libeccio, o viento del sudeste, les hacía llegar el polvo y la arenilla a los ojos, lo que resultó una gran desventaja.

Además, Aníbal confinó a las ocho legiones romanas en un estrecho valle, cercado por el río.

De esta forma, restringió la movilidad de la caballería romana y obligó a la infantería romana a adoptar una formación más profunda que ancha, dos factores que resultarían decisivos en el resultado de la batalla.

Terencio Varrón había sido elegido popularmente como político consular plebeyo, y las fuentes antiguas describen su carácter como excesivamente confiado y temerario, atribuyéndole la esperanza de poder arrollar a Aníbal con su número.

Sin embargo, Paulo era un veterano, patricio, de una familia militar consolidada, y era justificadamente cauto a la hora de enfrentarse a Aníbal en las condiciones de su enemigo.

Los romanos estaban orientados hacia el suroeste, con su ala derecha apoyada en el Aufidus y con el mar a unos cinco kilómetros en su retaguardia.

Batalla de Cannas

Colocaron su caballería (unos 6.000) en sus alas y agruparon a su infantería en una formación excepcionalmente profunda y estrecha en el centro, con la esperanza de romper el centro enemigo mediante el peso y el empuje.

Para contrarrestarlo, Aníbal confió en la elasticidad de su formación. Colocó su infantería gala y española en el centro, dos grupos de sus tropas africanas en los flancos y la caballería en las alas.

Pero antes de enfrentarse al enemigo, su línea adoptó una forma de media luna, avanzando el centro con las tropas africanas en sus flancos en forma escalonada.

Tal y como había previsto Aníbal, su caballería ganó la lucha en las alas, y algunos de ellos se desplazaron por detrás del enemigo.

Mientras tanto, la infantería romana hizo retroceder poco a poco el centro de Aníbal, y la victoria o la derrota dependía de si éste aguantaba.

Lo hizo: aunque retrocedió, no se rompió, y el centro romano fue gradualmente arrastrado hacia adelante en una trampa.

La media luna de Aníbal se convirtió en un círculo, con sus tropas africanas y españolas en las alas presionando hacia dentro a los romanos y la caballería cartaginesa atacando por la retaguardia.

Apretados y, por tanto, incapaces de utilizar correctamente sus armas, los romanos fueron rodeados y despedazados. Varrón huyó del campo de batalla con los restos de la caballería romana y aliada.

Paulo fue asesinado junto con muchos otros comandantes de alto rango, como Gnaeus Servilius Geminus, Marcus Minucius Rufus y otros patricios veteranos.

Entre los muertos romanos que estuvieron en la Batalla de Cannas había 28 de los 40 tribunos, hasta 80 romanos de rango senatorial o de alta magistratura, y al menos 200 caballeros, romanos de rango ecuestre.

Se calcula que el 20% de los combatientes romanos de entre 18 y 50 años murieron en Cannas.

Sólo 15.000 soldados romanos escaparon, y 10.000 más fueron capturados; el resto murieron. Los cartagineses perdieron unos 6.000 hombres.

Cuando la noticia de la derrota llegó a Roma, el pánico se apoderó de la ciudad y las mujeres acudieron a los templos para llorar la pérdida de sus maridos, hijos y hermanos.

A pesar del enorme golpe que supuso para la moral de Roma y sus efectivos a corto plazo, Cannas acabó por endurecer la resistencia romana para la larga lucha que se avecinaba.

Consecuencias de la Batalla de Cannas

Durante un breve periodo de tiempo, los romanos estuvieron completamente desorganizados. Sus mejores ejércitos en la península fueron destruidos, los pocos remanentes severamente desmoralizados, y el único cónsul que quedaba, Varrón, completamente desacreditado.

Según la historia, Roma declaró un día de luto nacional, ya que no había una sola persona que no estuviera emparentada o no conociera a una persona que hubiera muerto.

Los romanos se desesperaron tanto que recurrieron a los sacrificios humanos, enterrando dos veces a personas vivas en el Foro de Roma y abandonando a un bebé de gran tamaño en el mar Adriático (quizá uno de los últimos casos de sacrificios humanos por parte de los romanos, aparte de las ejecuciones públicas de enemigos derrotados dedicadas a Marte).

En sólo tres campañas (20 meses), Roma había perdido una quinta parte (150.000) de toda la población de ciudadanos varones mayores de 17 años.

Además, el efecto moral de esta victoria fue tal que la mayor parte del sur de Italia se unió a la causa de Aníbal.

Después de la Batalla de Cannas, las provincias helenísticas del sur de Arpi, Salapia, Herdonia y Uzentum, incluidas las ciudades de Capua y Tarento (dos de las mayores ciudades-estado de Italia), revocaron su lealtad a Roma y juraron lealtad a Aníbal.

Tras la batalla, las ciudades griegas de Sicilia se rebelaron contra el control político romano, mientras que el rey macedonio, Filipo V, prometió su apoyo a Aníbal, iniciando la Primera Guerra Macedónica contra Roma.

Aníbal también se aseguró una alianza con el nuevo rey Jerónimo de Siracusa, el único rey independiente que quedaba en Sicilia.

Tras la Batalla de Cannas, el comandante de la caballería númida, Maharbal, instó a Aníbal a aprovechar la oportunidad y marchar inmediatamente sobre Roma.

Se cuenta que la negativa de ésta provocó la exclamación de Maharbal: “En verdad, los dioses no han concedido todas las cosas a la misma persona. Sabes conquistar, Aníbal; pero no sabes sacarle provecho a tu victoria”.

Aníbal tenía buenas razones para juzgar la situación estratégica tras la batalla de forma diferente a la de Maharbal.

Como señaló el historiador Hans Delbrück, debido al elevado número de muertos y heridos entre sus filas, el ejército púnico no estaba en condiciones de realizar un asalto directo a Roma.

Habría sido una demostración infructuosa que habría anulado el efecto psicológico de Cannas sobre los aliados romanos.

Incluso después de las tremendas pérdidas sufridas en Cannas y de la deserción de varios de sus aliados, Roma aún disponía de abundantes efectivos para evitarlo y mantener considerables fuerzas en Iberia, Sicilia, Cerdeña y otros lugares a pesar de la presencia de Aníbal en Italia.

La conducta de Aníbal tras las victorias de Trasimeno (217 a. C.) y Cannas, y el hecho de que atacara por primera vez a Roma sólo cinco años más tarde, en el 211 a. C., sugiere que su objetivo estratégico no era la destrucción de su enemigo, sino desanimar a los romanos mediante la carnicería en el campo de batalla y desgastarlos hasta lograr un acuerdo de paz moderado despojándolos de sus aliados.

Inmediatamente después de Cannas, Aníbal envió una delegación encabezada por Carthalo para negociar un tratado de paz con el Senado en términos moderados. A pesar de las múltiples catástrofes que había sufrido Roma, el Senado se negó a negociar.

En su lugar, redobló sus esfuerzos, declarando la movilización total de la población romana masculina, y levantó nuevas legiones, alistando a campesinos sin tierra e incluso a esclavos.

Tan firmes fueron estas medidas que se prohibió la palabra “paz”, se limitó el luto a sólo 30 días y se prohibieron las lágrimas públicas incluso a las mujeres.

Durante el resto de la guerra en Italia no se reunieron fuerzas tan grandes bajo un solo mando contra Aníbal, sino que utilizaron varios ejércitos independientes, que seguían superando a las fuerzas púnicas en número de ejércitos y soldados.

Esto finalmente obligó a Aníbal, con su escasez de efectivos, a retirarse a Crotona, desde donde fue llamado a África para la batalla de Zama, terminando la guerra con una completa victoria romana.

Importancia militar de esta batalla

La importancia de esta batalla radica en que tuvo efectos en la doctrina militar romana. De hecho, Cannas desempeñó un papel relevante en la configuración de la estructura militar y la organización táctica del ejército republicano romano.

En Cannas, la infantería romana adoptó una formación similar a la falange griega.

Esto les hizo vulnerables a la táctica de doble envolvimiento de Aníbal, ya que su incapacidad para maniobrar independientemente de la masa del ejército les impedía contrarrestar el cerco estratégico utilizado por la caballería cartaginesa.

Las leyes del estado romano que exigían la alternancia de mando entre los dos cónsules restringían la coherencia estratégica.

En los años que siguieron a Cannas, se introdujeron llamativas reformas para solucionar estas deficiencias.

En primer lugar, los romanos formaron estructuras que luego dividieron en columnas, y después en un gran número de pequeños cuerpos tácticos que podían ahora cerrarse juntos en una unión sólida e impenetrable, cambiar el patrón con mucha flexibilidad, separar uno de otro y rotar en una u otra dirección.

Como resultado se obtuvo una transición del sistema de manipular tradicional a la cohorte bajo Cayo Mario, como unidad básica de infantería del ejército romano.

Además, un mando unificado llegó a considerarse una necesidad. Después de varios experimentos políticos, Escipión Africano fue nombrado general en jefe de los ejércitos romanos en África, y se le aseguró este papel durante toda la guerra.

Este nombramiento puede haber violado las leyes constitucionales de la República romana, pero, como escribió Delbrück, “efectuó una transformación interna que aumentó enormemente su potencialidad militar”, al tiempo que presagiaba el declive de las instituciones políticas de la República.

Además, la batalla puso de manifiesto los límites de un ejército de milicia ciudadana.

Después de Cannas, el ejército romano se convirtió gradualmente en una fuerza profesional: el núcleo del ejército de Escipión en Zama estaba compuesto por veteranos que habían estado luchando contra los cartagineses en Hispania durante casi dieciséis años, y se habían convertido en una magnífica fuerza de combate.

El modelo de Cannas

Además de ser una de las mayores derrotas infligidas a las armas romanas, Cannas constituye el prototipo de la batalla de aniquilación, método que ha tenido poca utilización exitosa en la historia moderna.

Como lo expresó Dwight D. Eisenhower, Comandante Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada en la Segunda Guerra Mundial, “todo comandante de tierra busca la batalla de aniquilación; en la medida en que las condiciones lo permitan, intenta duplicar en la guerra moderna el ejemplo clásico de Cannas”.

Además, la totalidad de la victoria de Aníbal ha convertido el nombre de “Cannas” en un sinónimo de éxito militar, y se estudia con detalle en las academias militares de todo el mundo.

La noción de que un ejército entero podía ser rodeado y aniquilado de un solo golpe provocó la fascinación de los generales occidentales durante siglos, incluidos Federico el Grande y Helmuth von Moltke, que intentaron emular su paradigma táctico de envolvimiento y recrear su propia “Cannas”.

El estudio seminal de Delbrück sobre la batalla tuvo una profunda influencia en los teóricos militares alemanes, en particular en el Jefe del Estado Mayor alemán, Alfred von Schlieffen, cuyo epónimo “Plan Schlieffen” se inspiró en la maniobra de doble envolvimiento de Aníbal.

Plan Schlieffen

Schlieffen creía que el “modelo Cannas” seguiría siendo aplicable en la guerra de maniobras durante todo el siglo XX: Una batalla de aniquilación puede llevarse a cabo hoy en día según el mismo plan ideado por Aníbal en tiempos ya olvidados. El frente enemigo no es el objetivo del ataque principal.

Las alas no deben buscarse en los puntos avanzados del frente, sino a lo largo de toda la profundidad y extensión de la formación enemiga.

La aniquilación se completa con un ataque contra la retaguardia del enemigo. Para lograr una victoria decisiva y aniquiladora se requiere un ataque contra el frente y contra uno o ambos flancos.

Schlieffen desarrolló posteriormente su propia doctrina operativa en una serie de artículos, muchos de los cuales fueron traducidos y publicados en una obra titulada Cannas.

En 1991, el general Norman Schwarzkopf Jr., comandante de las fuerzas de la coalición en la Guerra del Golfo, citó el triunfo de Aníbal en Cannas como inspiración para las rápidas y exitosas operaciones de la coalición durante el conflicto.

 

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